EFE
Wed, 10 Aug 2011 19:41:15 GMT | Por Carmen Rodríguez

Cantinflas: el hombre de los mil uniformes

Cantinflas lo fue todo en el mundo del cine: conserje, boticario, patrullero, barrendero, sacerdote, bombero, zapatero, peluquero, piloto, sastre, bombero…pero siempre con un "look" inconfundible.


Cantinflas

"Cantinflas" en traje de luces durante el rodaje de una secuencia de la película "La vuelta la mundo en 80 días" (1956), durante la que, en el papel de mayordomo, da todo un recital de vestuario. EFE/Jaime Pato/ct

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El nombre de Cantinflas va indisolublemente asociado a la figura del "peladito". El pícaro de aspecto desgarbado, con su camiseta larga, pantalones demasiado anchos, remendados y caídos, sombrero y pañuelo rojo. Además era capaz de "hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada", tal y como el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define el verbo "cantinflear".

Sin embargo, Mario Moreno fue, en sus 45 largometrajes y 6 cortometrajes, mucho más que un hombrecillo desaliñado que pasó de "peladito" a héroe popular, por su lucha contra las injusticias, su marcado sentido de la moral y su defensa a ultranza de los más desfavorecidos.

Cartero, fotógrafo, bailarín, bombero o cantante son algunos de los "uniformes" con los que Mario Moreno se sentía como pez en el agua, pues fueron oficios que desempeñó en la vida real pero también en el cine, personajes todos ellos con un algo de "peladito" y un puntito de "desastrados".

A Cantinflas los uniformes le quedaron o bien tan grandes que parecía bailar en ellos, o tan estrechos que no se explica cómo no saltaban uno a uno los botones. Por no olvidar toda una panoplia de sombreros y gorros, que siempre le quedaban torcidos, una parte imprescindible de su "look".

EL SERVIDOR PÚBLICO.

Uniformado de azul, jersey de cuello vuelto y casco azul y negro, "El patrullero 777" (1978) intenta poner paz y cordura con su labia acelerada en disputas urbanas o familiares y no duda en infiltrarse en un cabaret, de tipo duro y con lentes oscuros, para mantener a raya al crimen.

Aunque años antes de luchar contra el crimen, Cantinflas lo hizo contra el fuego en "El bombero atómico" (1950), a pesar de su escasa forma física, su manifiesta torpeza para la labor y un casco siempre demasiado grande. Pero le duró poco el cargo pues, por carambolas del destino, se ve endosando un flamante y casi hecho a medida uniforme de policía, mal abotonado y con la gorra torcida, para dar vida al mítico sargento 777, que salvará a su hijita adoptiva de unos malvados delincuentes.

Pero Cantinflas mostró su cara más intrépida en 1947, con la comedia "¡A volar joven!", un recluta de pantalones caídos y corbata mal anudada que hará todo lo posible por huir de una poco agraciada novia a la fuerza e incluso intenta meterse a piloto del Ejército para poner cielo de por medio con su prometida, que a la postre no resulta un mal partido.

También se puede hacer un servicio público escoba en mano y así Cantinflas se convirtió en 1981 en "El barrendero" (su última película), embutido en un anodino mono naranja y sin renunciar al sombrero. Napoleón, que tal se llamaba, se revela como un aprendiz de ligón con las sirvientas del barrio y con mucho ritmo para limpiar las aceras mientras baila con su escoba, aunque siempre metido en embrollos por intentar ayudar a los demás.

SERVICIO DE HABITACIÓN.

Sin embargo, uno de los atuendos más memorables de Mario Moreno es el de botones en "Gran Hotel" (1944), en el que hace una aparición triunfal ataviado con una chaquetilla varias tallas más pequeña que la suya, abotonada como "de casualidad", bajo la que se puede ver un cuarto de su inseparable camiseta blanca, todo ello combinado con sus típicos pantalones atados con una cuerda y, como siempre, una gorrilla que no acaba de encontrar la verticalidad.

(Continúa)
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