EFE
Wed, 10 Aug 2011 20:05:36 GMT | Por Álvaro A. Cuéllar

Cantinfleando

Cantinflas, el personaje creado por el cómico mexicano Mario Moreno, es dueño de un discurso que mantiene una particular vigencia, tanto desde el punto de vista lingüístico como desde la orilla de la denuncia política y social.


Mario Moreno, creador de Cantinflas, nación en Ciudad de México el 12 de agosto de 1911 y murió en ese misma ciudad el 20 de abril de 1993.

Mario Moreno, creador de Cantinflas, nació en Ciudad de México el 12 de agosto de 1911 y murió en ese misma ciudad el 20 de abril de 1993.

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"Cuánto inflas" o "en la cantina inflas", le increpaba el público de la Carpa Ofelia en México al joven comediante Mario Moreno quien, al olvidar su monólogo original decidió, como mecanismo de defensa, embarcarse en un absurdo mar de retruécanos para sacar adelante su presentación.

Ese es el inicio de Cantinflas, uno de los personajes cómicos más importantes del siglo XX en América Latina, o al menos así lo recuerda, con la bendición del propio Moreno, el escritor y ensayista mexicano Carlos Monsiváis en uno de los textos en los que abordó la singular impronta de hablar de este genio que traspasó las fronteras del continente americano con sus películas.

"Todos los diálogos de Cantinflas lo que intentan es rendir al interlocutor que, ante la incomprensión, acaba fatigado, desmayado y dispuesto a aceptar lo que el otro le diga. Es una especie de asedio sexual a través de las palabras", explica Monsivaís en su escrito y sentencia "él habla para no decir, los demás lo escuchan para no entender".

¿QUÉ PASÓ, CHATO?

Esa inconfundible manera de expresarse, esa capacidad para no decir nada a pesar de juntar cientos de palabras, fue reconocida en 1992 por la Real Academia Española que decidió incluir el termino "cantinflear" en su diccionario para definirlo como "hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada".

Y es que no podría ser de otra forma. Basta tomar un par de ejemplos de la verborrea del personaje en sus películas para confirmarlo: "Estamos en guerra porque ya estamos. ¿Por qué razones?, ustedes me dirán. Y yo les contestaré: razones fundamentales que todo conglomerado debe entender y son tres: la primera, la segunda y la tercera. ¿Qué cosas verdad? Pues así es". ("Un día con el diablo", 1945).

O qué tal esta explicación científica que hace Cantinflas en la película "Soy un prófugo" (1946): "el átomo es una cosa tan fuerte, ¿verdad?, que al estallar viene agarrando, porque el roce... lo más raro de la cosa es que usted al soltar el átomo viene cayendo poco a poco y parece que no roza, pero llega el momento, ¿verdad?, que explota y entonces la frotación del mismo átomo hace que la partícula desintegrante se unifique uniformemente, pero al mismo tiempo desintegrada".

Esa mezcla absurda de palabras tiene un efecto singular, como lo explica el fotógrafo y pintor Carlos Salazar, autor del artículo "Cantinflas: del arte del discurso al discurso del arte": "el discurso de Cantinflas es seductor porque representa de manera genial la preferencia por la astucia retórica del mundo de hoy. Es un clásico en ese sentido, no porque pretenda imponer alguna "mexicanidad", sino porque nos ayuda a descifrar universalmente el mundo que nos rodea".

Esa capacidad de Cantinflas le valió el reconocimiento y la admiración de los diferentes públicos de habla hispana. Raúl Ávila, profesor del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México, enumera tres razones para ese éxito: "Sus méritos son tres: el lenguaje que usa, porque él mismo no sabe qué quiere decir y que, por supuesto, confunde a todos; su capacidad cómica para bailar y torear; y por supuesto, su ropa".

(Continúa)
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