Joaquín Rábago

Londres, 5 nov (EFE).- El joven director escénico estadounidense Daniel Kramer debuta este fin de semana en la English National Opera de Londres con el "Castillo de Barba Azul", de Béla Bartók, en una nueva producción influida por el impacto psicológico del tristemente célebre caso Fritzl.

La única ópera del compositor húngaro se presenta en un programa doble junto a otra obra tremendamente innovadora del lenguaje musical del siglo XX como es "La Consagración de la Primavera", de Igor Stravinsky, compuesta sólo dos años después, en 1913.

Dirige ambas desde el podio Edward Gardner, quien señala que lo más frecuente es unir "Barba Azul" a "Erwartung", de Schoenberg, pero apunta que, al margen de la asociación que pueda haber entre los dos personajes femeninos de estas dos, no hay mucho más que las una, sino el hecho de poder completar un programa.

A pesar de ser una de las obras más icónicas del teatro del siglo XX, "La Consagración de la Primavera" no se había ofrecido hasta ahora en cambio nunca, según Gardner, en una puesta en escena en común con "Barba Azul", aunque sí en versión concertante.

En declaraciones a EFE antes del estreno, Kramer explica que, desde el punto de vista escénico, la ópera de Bartók le interesó sobre todo por "la relación psicológica" entre los dos únicos personajes: el duque Barba Azul y su visitante, Judith.

"¿Por qué opta Judith por quedarse (en el castillo de Barba Azul) ¿Qué es lo que la retiene pese a lo que ve al abrir una puerta tras otra, comenzando por la primera sala con una cámara de torturas manchada de sangre?", pregunta Kramer.

"Yo he conectado muy bien con esos personajes. Conocí a un hombre que se convirtió en una obsesión para mí y estuvo a punto de destruirme", confiesa el director, quien agrega que "a veces nos fijamos en los abusos físicos y nos olvidamos de los mentales, que pueden ser tremendos".

En alguna ocasión se ha dado a la historia de Barba Azul una interpretación cuasi religiosa, como si se tratase de un proceso de reencarnación, pero Kramer dice no interesarse por la religión.

Para él, el comportamiento de Barba Azul es el de un violador o un asesino en serie, "personas que planifican sus acciones meticulosamente, con precisión matemática".

El director afirma haber estudiado cuidadosamente el caso del austríaco Josef Fritzl cuando encerró a su hija, Elizabeth, en un sótano de su casa para abusar sexualmente de ella durante veinticuatro años y mantenerla totalmente aislada del mundo junto a algunos de los hijos que procrearon juntos.

Su interés por ese caso le llevó a solicitar la grabación completa que hizo la psiquiatra que entrevistó al "monstruo" austríaco y dictaminó que estaba en condiciones de ser procesado.

Resulta curioso que otro joven, el británico Jonathan Munby, citase también el caso Fritzl al comentar su propia puesta en escena de otra obra, "La Vida es Sueño", de Calderón, que se está representando en la capital británica.

Para Kramer, los violadores "no abusan de sus víctimas normalmente por desesperación sexual, sino por ver el terror reflejado en sus ojos", y ése es un motivo recurrente en la ópera de Bartók.

En su interpretación de "Barba Azul", el duque además no es tal más que en su propia fantasía.

Además de su lado psicológico y su profunda simbología, la ópera de Bartók es "electrizante musicalmente", explica Kramer.

"Exige además, por el gran tamaño de la orquesta, un esfuerzo enorme y continuo de los dos intérpretes (el bajo Clive Bayley y la mezzo Michaela Martens ) a lo largo de sus 55 minutos de duración".

"La Consagración de la Primavera", de Stravinsky, que causó un auténtico alboroto en su estreno en París con los célebres Ballets Rusos de Diaghilev y que completa el programa londinense, es una colaboración de la English National Opera con la compañía de danza irlandesa "Fabulous Beast Dance Theatre", que dirige el premiado coreógrafo Michael Keegan-Dolan. EFE

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